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Burros hablan de orejas

Los gremios empresariales de Centroamérica y República Dominicana expresaron recientemente su preocupación por la fragilidad institucional en la región y la baja inversión privada en El Salvador. Y esto motiva dos comentarios:

 

El primero –sobre la debilidad institucional en Centroamérica– es que las gremiales empresariales, como representantes del poder fáctico de las élites empresariales, evaden su responsabilidad. O ¿acaso no fueron ellas las que presionaron por la aplicación de políticas neoliberales que desmantelaron el aparato estatal y causaron la debilidad institucional que hoy critican? ¿No fue la gran empresa privada la que menoscabó la institucionalidad el instaurar gobiernos corporativos y estados patrimonialistas?

 

Los gremios empresariales de la región deberían hacer mea culpa porque muchas de sus acciones contribuyeron al deterioro de la institucionalidad, el estado de derecho y la democracia. Así lo demuestra el estudio “Integración Real y Grupos de Poder Económico en Centroamérica: Implicaciones para la Democracia”, realizado en el 2005 por el ahora secretario técnico de la Presidencia, Alexánder Segovia.

 

Quien más insistió en su crítica a la frágil institucionalidad regional fue la dirigente empresarial hondureña Aline Flores. A esa señora debe recordársele que los principales gestores del golpe de estado en Honduras y la reversión del orden constitucional en el vecino país, fueron las élites empresariales a las que ella representa.

 

Y el segundo comentario –acerca de la poca inversión privada en El Salvador– es que los dirigentes empresariales olvidan responsabilizar a sus representados por tal situación. No hay inversión privada porque los empresarios no quieren invertir, así de sencilla es la explicación.

 

Los grandes empresarios salvadoreños prefieren llevar sus inversiones a otros países, en vez de usarlas para generar más crecimiento económico, empleos y recaudación tributaria en el país.

 

Esta mezquina actitud empresarial contrasta con los esfuerzos del gobierno que ha triplicado la inversión social, a pesar de sus escasos ingresos y del sabotaje de ARENA que se opone a los préstamos en la Asamblea Legislativa.

 

Así que la señora Flores, los voceros de la ANEP y demás dirigentes empresariales de la región son burros hablando de orejas porque no asumen su responsabilidad en la debilidad institucional ni en la baja inversión privada.

Burros hablan de orejas

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